Trastornos de la conducta alimentaria: la importancia de detectarlos a tiempo y el valor del enfoque interdisciplinario

Trastornos de la conducta alimentaria: la importancia de detectarlos a tiempo y el valor del enfoque interdisciplinario

En una nueva edición de la columna de salud y nutrición del programa radial Palabras Cruzadas, conducido por Sergio Fischer y Pedro Álvarez, la licenciada Luciana Aressi (Matrícula Provincial 600) abordó una problemática compleja, recurrente en los consultorios y de profunda vigencia social: los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).

Durante la entrevista, la especialista analizó los mitos que rodean a estas patologías, el impacto multiplicador de las redes sociales, la delgada línea entre el cuidado estético y la obsesión, y la necesidad ineludible de un abordaje médico y psicológico conjunto.

Más allá de la anorexia y la bulimia: las señales de alerta

Aressi explicó que el término correcto y más abarcativo es el de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), ya que engloban una multiplicidad de manifestaciones que afectan tanto la salud física como la mental. Además de los cuadros más conocidos como la anorexia nerviosa o la bulimia, la licenciada visibilizó otros comportamientos de menor difusión pública pero igual gravedad, como el trastorno por atracón (estrechamente vinculado al sobrepeso y la obesidad), la vigorexia (obsesión por el ejercicio físico en exceso y la masa muscular) o la pica (ingesta compulsiva de sustancias sin valor nutricional, como el hielo o la tierra).

La profesional advirtió que existen más de 20 señales de alerta a las que el entorno familiar debe prestar atención. Entre las más recurrentes detalló:

  • El aislamiento social y poner excusas constantes para no compartir comidas.

  • La adopción de dietas extremadamente restrictivas o privaciones severas.

  • El uso de laxantes, diuréticos o supuestos «quemadores de grasa».

  • La fijación u obsesión permanente con el peso, la pérdida del mismo o el mirarse continuamente al espejo.

«Afectan tanto la parte física como la salud mental. Por eso, el trabajo interdisciplinario es fundamental; no es solamente un tratamiento nutricional. El trastorno implica una distorsión de la imagen visual del propio cuerpo y de las formas de pensar sobre el peso, la figura y la comida», definió la especialista.

La adolescencia en el centro de la escena y el rol de las redes sociales

Al ser consultada sobre las franjas etarias más vulnerables, la licenciada señaló que la adolescencia continúa siendo la etapa más crítica debido a los profundos cambios corporales que marcan el fin de la niñez. Si bien históricamente se asociaban estos trastornos casi con exclusividad a las mujeres, remarcó que hoy en día también afectan de manera creciente a los varones.

Aressi no dudó en vincular este fenómeno con el impacto de la tecnología actual: «Antes la exposición pasaba por las revistas o la televisión; hoy el bombardeo de información e imágenes en las redes sociales es constante las 24 horas. Además, a diferencia de otras épocas, hoy los jóvenes tienen al alcance de un clic productos para adelgazar o suplementos para aumentar la masa muscular de forma inmediata».

Del peso a los hábitos: herramientas para la prevención

Frente a la consulta sobre cómo interviene ante posibles indicios de un TCA en el consultorio, Aressi destacó que la clave está en correr el eje de la discusión del peso en la balanza para centrarse en los hábitos de salud, el rendimiento deportivo y el bienestar general.

«Con los adolescentes trato de ir siempre por el lado positivo. En lugar de hablar de restricciones que generen culpa, les enseño la importancia de nutrirse bien para tener más energía, rendir mejor en sus deportes y potenciar su masa muscular. Hoy, afortunadamente, tenemos herramientas analíticas que nos permiten mostrar valores más reales al paciente, diferenciando los kilos de músculo y de grasa, ayudando a que comprendan que la salud va mucho más allá de un número estático», detalló.

Asimismo, reparó en la presión involuntaria que a veces ejercen los propios padres: «Muchos proyectan sus propias exigencias o temores en los chicos, generando en ellos preocupaciones por la comida o el cuerpo que quizás el adolescente ni siquiera se había planteado».

Una condición crónica que exige un tratamiento de por vida

Hacia el cierre de la entrevista, la nutricionista dejó un mensaje central respecto a la evolución de estos cuadros en la edad adulta, enfatizando que muchas veces las secuelas o conductas obsesivas se extienden en el tiempo de forma silenciosa.

«Lamentablemente, los trastornos de la conducta alimentaria suelen ser crónicos. Tengo pacientes de 38 o 40 años que los arrastran desde su juventud. No es algo que se cure de forma definitiva, sino que se trata de por vida. Por eso es vital detectarlo a tiempo. El adolescente tiende a ocultarlo por vergüenza o miedo; ser conscientes y pedir ayuda de forma temprana, dejando de lado la culpa, es el paso fundamental para aprender a manejarlo».

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